Todos tenemos un mal día

Todos tenemos un mal día. El día en que te arrepientes de haberte levantado y comienzas a hacer memoria… Al levantarte de la cama ¿pisaste antes con el pie izquierdo o con el derecho? Lo único que tienes claro es, que no debes volver a repetir la misma acción.

Pero, ¿habéis pensado alguna vez en que puede que sea algún complemento de vuestro atuendo el que esté maldito?

Os parecerá una locura, pero eso me ha sucedido hace no mucho. Y como no podía ser de otro modo, se trata de ropa íntima y regalada. Que no previamente usada. Aunque a veces, me planteo que sea producto del karma de la prenda el que desprende mala energía. ¿Y qué tiene esa prenda que parece maldita

He tenido diversas experiencias que me han hecho dudar hasta límites insospechados. En primer lugar, salir a la calle y recibir un complemento extra de una paloma en plena cabeza. Que no sé por vuestros barrios, pero por el mío, las palomas tienen el tamaño de una gallina, así que no quiero dar más detalles… os podeis imaginar el tamaño de tan “grato” recuerdo.

En otras ocasiones, estando sentada pacientemente en la sala de espera del médico, misteriosamente el ordenador sufre un bloqueo informático, que al solucionarse, hace un único cambio: vuelca la hora de mi cita al final de la lista, justo cuando me tocaba entrar.

Y, para rematar las experiencias negativas, el día que me echaron del trabajo. 

– Tenemos una mala noticia -me soltaron de sopetón. Seguido de un silencio absoluto para desconcierto propio, hasta decir con una sonrisa- Estás despedida.

Sí, supongo que debería de haber hecho una quema en ese mismo momento, delante de los jefes, o mejor antes para lograr evitarlo, pero me he contenido, porque de verdad que me gustan. Ese encaje negro es bien bonito. Pero, eso sí, antes de ponérmelas siempre pienso: ¿Dónde voy hoy? Si he de estar fuera de casa más de 4 horas, vuelven al cajón. Así que, no es que las utilice mucho, tan solo algún día de atrevimiento extremo. Y es que hay quien decide hacer deportes de riesgo y yo, decido ponerme mi prenda íntima en busca de aventuras. En algún momento se le acabará la batería… o al menos, eso espero. Sino, siempre me queda regalarlas… 

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