Vivir en una ciudad puede tener sus inconvenientes. El tráfico ruidoso, los atascos, la contaminación o las prisas. Pero, lo que más me incomoda de todo no es eso, sino vivir en comunidad.
Ahora pensaréis que soy completamente asocial. En parte sí, no lo voy a negar.
La convivencia puede resultar odiosa. Aun tratándose de compartir los escasos metros de elementos comunes como son el ascensor, el rellano, las escaleras y el portal. Al fin y al cabo todos somos extraños, y algunos bastante peculiares.



