Aún a veces, cuando sueña, se apoderan de ella los temores del pasado. Sus pesadillas están cargadas de oscuros y dolorosos recuerdos. Su pequeño cuerpo se estremece presa del pánico, mientras aúlla entre convulsiones lastimeras.
– Es hora de despertar -le dice Oleg suavemente, al tiempo que le acaricia el lomo.
Oleg es su entrenador, se ocupa de ella. La cuida y la alimenta. Le observa agradecida de que le haya sacado de sus ensoñaciones. De los recuerdos de aquellos aciagos días en que vagaba débil, temblorosa y aterida por las oscuras y frías calles moscovitas, rebuscando restos de comida entre los cubos de basura, y disputándose con otros canes de mayor tamaño esos pequeños manjares hallados. Ahora está a salvo. Ha sobrevivido.



