Son las nueve de una desapacible mañana de mediados de diciembre. Una fina llovizna asoma en las calles de Madrid, suavizando ligeramente el frío invernal propio de esas fechas.
Como de costumbre, Luis acude a misa de primera hora de la mañana. Desde hace años utiliza siempre los mismos hábitos y el mismo itinerario, que se niega a cambiar a pesar de las amenazas sufridas. Mejor vivir sin miedo, se dice.



