Quizá no lo creáis, pero me han salido ojos en el cogote. Tengo unas pequeñas protuberancias, que no estoy segura de si son ojos, o son chichones y, simplemente, es mi sentido arácnido el que me alerta cada vez que mi hijo va a realizar una trastada.
El pequeño renacuajo apenas tiene un año y más energía que yo, aunque ya sabéis que eso es muy fácil. Sin embargo, es como su padre, cada vez que piensa una maldad se le iluminan los ojos.



