Tigres de cristal (Toni Hill)

Descubrí a Toni Hill con Los buenos suicidas, pero hacía tiempo que no leía nada suyo, por eso en cuanto me topé con Tigres de cristal, no me lo pensé dos veces.

Sinopsis

Dos amigos del colegio se reencuentran más de treinta años después. Ambos tienen muchas cosas que contarse, pero también mucho que ocultar. Ninguno de los dos ha olvidado que esa cálida amistad infantil se truncó una noche de diciembre de 1978, cuando un crimen atroz alteró sus destinos. Ahora ha llegado el momento de asumir la verdad, pedir perdón y ajustar cuentas con un pasado que amenaza con romper de nuevo sus vidas. Y esta vez para siempre.

Mi opinión

Hay momentos en los que, sin darme cuenta, acabo enlazando unas novelas con otras con determinados puntos en común. En ocasiones es por el nombre del protagonista, por el tema o la localización. No es fácil, por mucho que lea, pero así me ha sucedido con el tema de la demencia.

Es curioso cómo unos recuerdos disparan otros, cómo la memoria se atasca, se desvanece y en cambio deja destellos brillantes”

El prólogo de Tigres de cristal está muy bien descrito y resulta desgarrador.

Sin embargo, ese comienzo es de lo mejor de las primeras doscientas páginas, aunque quizá me haya quedado corta.

Me gusta mucho el estilo de Toni Hill. El vocabulario es prolífico y te introduce de lleno en la vida de cada uno de sus personajes, que desgrana muy lentamente. A mi parecer en exceso.

La trama tiene lugar en una ciudad satélite de Cornellá en dos líneas temporales: los años setenta y 2016. Los casi cuarenta años de diferencia han cambiado a sus personajes, sus errores del pasado, los que callaron, los que protegieron y los que maltrataron. Todo ello pasa factura a sus gentes en distinta manera. La culpa y el remordimiento, los silencios y los golpes. Las desgracias de un barrio marginal y sus gentes. La desolación es el aire que se respira en este barrio.

Los protagonistas son varios: Víctor Yagüe, el hijo de Sandokan y Anabel, y su amigo Juanpe, alias el Moco, hijo de un maltratador, Juan Zamora, y una alcohólica, Rosi. Con semejante en casa, sería suficiente desgracia, pero como «a perro flaco todo son pulgas», también recibe en el colegio el acoso de Joaquín Vázquez, alias el Cromañón. Detrás de ellos, como testigo mudo y con ansias de acercarse al hijo de Sandokan, está otro compañero de colegio, Ismael López Arnal, que es el narrador de algunos capítulos, aunque me ha resultado un poco lioso y dudoso.

En el año 2016 nos muestra algún otro personaje del mismo barrio, como Alena, alias la Rusa, aunque en realidad es una adolescente polaca que se hace amiga de Lara, otra adolescente llena de odio y de ira, que oculta bajo una máscara de falsedad. También tenemos a Iago, hijo de Miriam, la hermana del Cromañón.

Víctor tiene familia, no así Juanpe, que tiene unos negocios turbios con Conrado Baños, el Míster, y su compañero Rai, el gitano.

Odia los lamentos, quejarse le parece una pérdida de tiempo”

“Acaba de descubrir que el odio tiene mucha más memoria que el amor”

“A veces la muerte de alguien era el precio a pagar para la supervivencia de otros”

Los muertos desaparecen de verdad cuando ya no queda nadie que los recuerde”

La relación de personajes es bastante más larga, aunque he mencionado los más importantes.

La trama gira en torno a esta barriada de emigrantes

en las miradas de los que se fueron brillaban la valentía y la satisfacción y, por tanto, a los que se habían quedado les tocaba representar la cobardía y el arrepentimiento de no haber dado ese paso”

La estructura no se deja entrever hasta bien entrada en materia, por lo que hay que hacer un acto de fe para continuar con la lectura sin desistir en el intento.

No obstante, hacia el final es fácil seguir y devorar sus últimas páginas con avidez. Aunque he de advertir que se masca la tragedia con cada vuelta de página.

Desde que leí Los buenos suicidas, esperaba una lectura entretenida. Supongo que esa es la razón por la que me ha costado meterme en materia. No existe misterio, porque lo descubre en las primeras páginas, por lo que deja al lector en la ciudad Satélite con la vida de unos personajes llenos de dramas y miseria, que no desaparecen con el transcurso de los años. Seamos francos, no sé vosotros, pero yo leo para distraerme de mis problemas, no para meterme en los de, no una persona sino todo un vecindario.

Cuando uno es básicamente pobre, los que lo son más aún provocan más miedo que compasión”

Además, el noventa por ciento de la obra es pura narrativa con lo que, a pesar de que está muy bien descrito, deja una sensación de pesadez, que no se disipa hasta bien llegado la parte final, donde se advierte la estructura.

El desenlace final no me convence. Me parece que intenta dar un giro magistral, pero no cuadra por los datos ofrecidos con anterioridad.

Acoso, mentiras, falsedad y lo peor del ser humano se centran en un barrio donde no el tiempo no parece transcurrir sino para hundir más a sus gentes.

En definitiva, muchas pretensiones.

Sé esa voz que lleva la contraria a la masa y que lo dice en voz alta sin esconderse. La masa es cobarde. Si tú te muestras seguro de ti mismo se callarán (…) No puedes equivocarte si haces lo correcto”

Novela: Tigres de cristal

Autor: Toni Hill

Categoría: Drama

Recomendación: Lectura sin pretensiones.

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