Catálogo de pequeños placeres (Carlos Herrera)

Una vez más la curiosidad me llevó hasta el libro de la semana: Catálogo de pequeños placeres. Y es que, después de escuchar algunos comentarios del autor, Carlos Herrera, periodista consagrado a la radio, sobre noticias de actualidad, me preguntaba cómo escribiría. La verdad, no he salido prácticamente de dudas.

Argumento

La arena de la playa deslizándose entre los dedos de los pies durante un paseo invernal, una rebanada de pan recién hecho untada en aceite de oliva, el tañer de las campanas en la plaza de pueblo, enseñar a un hijo a montar en bicicleta, volver una tarde al barrio en que se ha nacido, el sagrado tiempo de la siesta estival bajo la sombra de un árbol… son situaciones que nos hacen percibir de nuevo, con atención, lo cotidiano.

A través de breves narraciones, Catálogo de pequeños placeres se adentra en esos instantes, familiares e íntimos, en que el tiempo se detiene y los sentidos nos transportan al pasado, esos momentos invadidos por el gozo de lo común, que nos hacen disfrutar plenamente de un simple detalle.

Mi opinión

Sinceramente, no sabía muy bien qué me iba a encontrar, pero intuía que sería algo más elaborado. No me malinterpretéis, describe con sumo detalle y tiene un lenguaje amplio y preciso, sino que es mas bien el fondo. Quizá esperaba una unión de todos esos placeres. Algo que por otro lado, se debe intuir con el título, pues Catálogo de pequeños placeres es, como bien indica, una especie de listado narrado con brevedad y sin llegar a ahondar, que engloba los instantes más mágicos para el autor. Ese momento que uno valora la vida y el placer de vivir.

“Hay veces que las sensaciones se han quedado detenidas en el tiempo”.

El autor se sincera, aunque también calla (“Hay placeres solitarios que jamás deben de ser descubiertos. Ni siquiera por los antiguos fantasmas de nuestro viejo barrio”) y explica esos veinticuatro momentos a veces cotidianos, la mayoría de las veces simples, pero que le suponen una gran satisfacción, como son: volver al barrio de la infancia, el pan recién horneado, releer un libro que te gusta, dormir la siesta, visionar un álbum de fotos, un baño relajante por la noche, regresar al colegio de la infancia, repicar las campanas, enseñar a su hijo a montar en bici, empezar un jamón, leer a Neruda, fumarse un puro, disfrutar del aroma del azahar en Sevilla, ganar usando trampas, cocinar una paella, mojar el pan en aceite, mantener una conversación con un anciano, montar el Nacimiento, viajar en tren, ver de nuevo una película que le encandiló de niño, embutirse en un viejo pijama, ver el festival de la OTI, escuchar las canciones que marcaron su época y descalzarse después de un largo día.

Me he sumergido en la lectura, ligera, nostálgica, sencilla, sin artificios, precisa y a la vez profunda y poética, pero efímera. En algunos momentos he disfrutado y he congeniado con algunos de esos instantes como el olor del pan recién horneado, añadiría el aroma del café recién hecho y otros muchos instantes que me hacen sonreír.

“nada retrata la vida de un ser humano como la música de su tiempo”

“Abrir el álbum tiene el encanto de dar vida propia a aquello que cotidianamente imaginamos con caras desenfocadas y cuerpos borrosos; aunque hayamos perdido la nitidez, al pasar las hojas se hacen ciertas suas petrificadas sonrisas de papel”

Pero, esa oda al tabaco, me ha hecho retroceder, pero no tanto como, el hacer trampas en un juego y mucho menos en familia (quien dice familia, dice amigos) ¡¿Qué necesidad?!

En definitiva, me he quedado casi igual que al principio, sin saber muy bien cómo enfocaría un libro, como bien explica él mismo:

“Los autores nos entregan los libros escritos pero jamás terminados. Somos los lectores los que terminamos poniendo el punto final a cada texto. Esa misma música que la buena literatura hace sonar en el alma del lector nunca es la misma. Suele variar con el tiempo, con las circunstancias personales, con los roces de la vida, en definitiva, con los estados de ánimo”

Para finalizar, he escogido una cita que define la idealización del pasado, al igual que en algún momento futuro idealizaremos el presente.

“… el tiempo dulcifica los recuerdos de una forma tan apasionada y tan intensa, que ya no sé si es que cambiamos con el tiempo o son ellos,… los que cambian…”

Libro: Catálogo de pequeños placeres
Autor: Carlos Herrera Crusset
Categoría: Otros géneros / Narrativa / Biográfica
Recomendación: Lectura ligera y sin pretensiones.

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Archivado bajo Biográfica, Narrativa

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