Touché

Cada día me asombro más con los niños por su sinceridad, su simpatía, locuacidad y atrevimiento.
Hace no mucho os comenté la anécdota que me sucedió con un amigo de hijo que, al vernos, nos invitó a su casa.

-Cuando queráis podéis venir a casa a cenar -propuso con una sonrisa radiante.
-No me lo digas dos veces -bromeé.
Él enseguida replicó con un:
-Eh, ¡que sólo te he invitado una!

¿Qué os voy a decir!

Su ocurrencia me dejó sin palabras y riendo durante un buen rato.
Los niños son sorprendentes y sumamente divertidos. Bueno, estaréis conmigo en que tienen sus momentos. Así estos días en que durante la cena juego con Luisete a adivinanzas y otros juegos de palabras en los que, dicho sea de paso, disfruto más que él.

Después de llevar un buen rato jugando a las palabras encadenadas (juego en el que tienes que ir enlazando palabras por la última sílaba que diga el compañero), ha surgido la palabra solera y mi hijo ha escuchado atentamente la explicación de su significado. El ejemplo que escogí fue el vino, de este modo, mi hijo, al que animo a que utilice palabras nuevas, enseguida buscó el momento oportuno para usarla y, sin ir más lejos, me espetó:

-Mamá, tienes solera.

Pero, el estocado final llegó en el momento de las adivinanzas, cuando dijo:

-Mamá, te doy una pista -dijo muy serio-, es tu comida favorita.

Algo que me dejó un poco extrañada porque no suelo hablar de comidas favoritas con él, para evitar el odioso “esto no me gusta“.

Así que me quedé un momento pensando, tratando de dilucidar qué le había confesado con anterioridad y, finalmente, sin querer demorar por más tiempo la respuesta le contesté:

– ¿La pasta?
– No -respondió él con una sonrisa pícara que me desconcertó aún más.
– Papá, ayúdanos -dije repitiendo la adivinanza, a lo que él respondió muy seguro:
– Lasagna.

Soy muy previsible en este sentido, como Garfield.

– No -repite nuevamente Luisete, disfrutando de su éxito.

Después de numerar varios platos a los que él va denegando cada vez más contento, sin evidenciar su disfrute, dice:

– ¿Te rindes?

Aunque no soy de las que se rinden fácilmente, me tiene completamente extrañada y con ganas de saber qué se le ha ocurrido. La curiosidad me supera y finalmente acepto.

– Venga, dime qué es.
– Soy yo, mamá -dice eufórico dejando ver una amplia sonrisa tras su victoria-. Como siempre dices que estoy muy rico.

Sin palabras.

Touché

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