Cuatro corazones con freno y marcha atrás (Enrique Jardiel Poncela)

La primera obra de teatro que comento viene de la mano del dramaturgo Enrique Jardiel Poncela, y aunque no es actual, se ha representado hasta el mes pasado en el teatro. La novela es Cuatro corazones con freno y marcha atrás.

Argumento

Estupefacto por la interminable sucesión de lamentaciones que provienen de las habitaciones contiguas, un cartero (Emiliano) aguarda en el salón a que le firmen un certificado, mientras por escena pululan multitud de personajes que producen en el espectador un desconcierto tras otro.

La sucesión de acontecimientos se desata con rapidez envolviendo a este cartero que consigue hacerse un hueco en esa familia hasta el último día de su vida, o de la de aquellos a los que acompaña.

Mi opinión

Cuatro corazones con freno y marcha atrás es una obra atemporalligera, original y sumamente entretenida gracias a unas situaciones inverosímiles que son objeto de reflexión del tema principal: la inmortalidad, que pasa de ser una alegría para convertirse en una condena.

Además, de temas como la vida y la muerte se unen otros como el desencanto, el amor, los celos, los inventos y los problemas de dinero. La  relación de padres e hijos y la responsabilidad de unos para con otros en situaciones absurdas contra natura.

La lectura resulta muy amena y durante la misma no he podido evitar recordar a mi abuela y su hábito de descumplir años.

La obra está estructurada en tres actos y protagonizada por dos parejas jóvenes -Ricardo Cifuentes (el dueño de la casa), Valentina Díaz (su prometida)- y dos de edad madura -Ceferino Bremón (el médico que no ejerce como tal), Hortensia Álvarez (su novia)- junto con el cartero, Emiliano Menéndez.

Otros personajes que aparecen en escena son: Elisa y Federico Cifuentes (los hijos de Ricardo y Valentina), Margarita (la hija de Elisa y nieta de los primeros) y Fernando (su marido). Elías Corujedo el agente de seguros de vida, y Luisa (el ama de llaves).

De la mano del cartero, personaje castizo de gran simpatía viene la mayor parte de los diálogos humorísticos que dejan escapar sonrisas. En algunos casos haciendo uso de chistes simples:

Emiliano (molesto): “No he conseguido que me firmen el certificado ni enterarme de lo que pasa en la casa”

Corujedo: “Me llamo Elías Corujedo”
Emiliano: “Pues hace usted bien”

Corujedo: “¿Profesión?”
Juana: “Ninguna
Emiliano: “La mejor profesión que se conoce”

Figuras literarias como el retruécano:

Emiliano: “Porque si dentro de tres minutos justos no nos enteramos nosotros de las cosas que suceden aquí, aquí van a suceder cosas de las que se va a enterar todo el mundo”.

En ocasiones el aire cómico se esconde bajo el sarcasmo y la fina ironía:

“La medicina no es una ciencia, es un arte (…) el arte de acompañar con palabras griegas al sepulcro”

En otras Jardiel utiliza el absurdo:

“Morirse es un acierto estupendo… Morirse es vivir… Cuando se ha sabido aprovechar la vida, morirse es vivir. De igual modo que cuando no se ha sabido aprovechar la vida, vivir es morirse”

Para finalizar, os dejo la cita que he extraído y que define un poco más mi pensamiento.

“¿No ves que vivimos para atrás? Pues cada día que pasa sabemos menos (…) porque la felicidad está en la ignorancia, en la juventud, en las pasiones…”

Obra: Cuatro corazones con freno y marcha atrás
Autor: Enrique Jardiel Poncela
Categoría: Teatro / Humor
Recomendación: Es un clásico que merece la pena leerlo, o en todo caso, visionarlo.

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