Harta de la burocracia

Estoy entre indignada y sorprendida por la notificación que recibí ayer. Ni más ni menos que una multa de tráfico proveniente del Ayuntamiento de Valencia, que ha sido interpuesta por un agente de tráfico a la moto que tengo aparcada en el garaje. Moto que no se ha movido en los últimos seis meses.

Y quizá pensaréis: ¿cómo puedes estar tan segura?

Pues, simple y llanamente, porque no tiene ni pizca de batería desde ese tiempo. ¿Acaso alguien la ha ido empujando hasta Valencia?

Me parece surrealista. Daría mucho la nota y aparecería no sólo en las cámaras de la DGT, sino también en el telediario para mostrar cómo un lumbreras atraviesa media España por carreteras nacionales empujando una motocicleta.

Pero, por si esto fuera poco estrambótico, además, la multa en cuestión es por una infracción situada a más de 300 km de distancia de mi domicilio en plenas fechas navideñas.

Veamos, pongamos un poco de sensatez.

¿Quién es el que se atreve a conducir (o empujar) una moto de 125 cc durante ese trayecto de más de 300 km que separa ambas localidades en pleno invierno?

El problema que tenemos los ciudadanos es que frente a estas multas estamos completamente indefensos y quien tiene la última palabra (aunque equivocada) es el agente. ¿Qué clase de justicia es ésta?

Tratando de frivolizar sobre este asunto, me pregunto cual de las opciones será más plausible:

– El Ayuntamiento de Valencia esté deseoso de llenar sus arcas públicas después de tanto saqueo.
– El agente en cuestión necesite una revisión de urgencia con su oftalmólogo.
– A la moto le han salido alas o tiene la inaudita capacidad de autotransportarse (hecho que, he de reconocer, me vendría muy bien para conseguir unos ahorrillos extra).

Como ciudadana me encuentro completamente desprotegida. Teniendo que recurrir una multa que la propia administración debería de haber corregido ipso facto sin necesidad de importunarme realizando escritos de descargo, ni pagando de mi bolsillo un correo certificado por un error burocrático. Todo ello por un funcionario público que no se ha molestado en transcribir correctamente unos datos al ordenador. Estoy harta de la burocracia.

Lo peor de todo no acaba aquí, pues este tema no está zanjado.

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