¿Quién es tu padre?

Luisete se ha pillado la mano con la puerta. No es ninguna novedad. De hecho es la tercera vez que le sucede en su corta edad. La primera ocurrió en el colegio y salimos a urgencias porque la mano se le hinchó tanto como si llevara puesto el guante de michelín. Por suerte sólo fue un susto cuya marca estuvo varios días en sus diminutos dedos.

Hoy a discutido con su amigo Leo, (por enésima vez en dos días, creo.  He dejado de contarlas). Y Luisete ha prometido, por decimoquinta vez, que no volverá a ser su amigo. Es decir, hasta dentro de quince minutos, más o menos.

Después de verificar que no tenía ningún hueso roto y para calmar su llanto, que era tan fuerte y sentido que me ha encogido el corazón, no me ha quedado mayor opción que dejarle mi teléfono móvil mientras yo regresaba a la cocina a hacer la cena. Su mirada se iluminó y pareció que se tranquilizó viendo las fotos de la última fiesta de cumpleaños a la que acudió hace unos días. Pero su inquietud no tiene límites y en cuestión de cinco minutos, o incluso menos, ha visionado las fotos, ha hecho fotos nuevas (¡hasta un vídeo!) y ha llamado por teléfono al que creía que era su padre. Es decir, al número que ha tocado al azar.

No he tardado en escuchar una voz en la lejanía.

-¿Por quién preguntas?

Mi hijo conoce mejor que yo el teléfono y sabe poner el altavoz, silenciar la voz, dejar en espera y un montón de funciones que yo no he tocado y desconocía anteriormente.

– Papá, ¿dónde está mi papá?

Se me han erizado los pelos y he salido corriendo a la velocidad del rayo para supervisar la llamada.

– ¿Quién es tu padre?

A estas alturas he llegado a su lado y he cogido el teléfono para comprobar a que había llamado al ex de mi amiga.

Vale, al menos no era el mío. De hecho ni recordaba que tuviera su teléfono, supongo que lo grabé en alguna ocasión en que mi amiga no tendría batería en su móvil.

Al menos me caía bien. Pero en ese momento he recordado que él no tiene hijos y hasta donde recuerdo está soltero. Por lo que la cara que ha debido de poner cuando han preguntado por él ha debido de ser todo un poema.

-¿Qué tal Miguel? -pregunto más relajada y algo apurada-. ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!

Él se quedó un poco descolocado, tratando de ubicar mi voz. Él no tenía mi teléfono grabado.

Oigo un largo suspiro y entonces me percato de que ha caído en la cuenta.

-¿Mi hijo te ha asustado? -pregunto divertida-.

-No, que ¡bah! -dice con aire tranquilo, aunque estoy segura de que no es cierto-. Estaba aquí con varios compañeros y claro, estaba pensando en quién sería su padre… porque yo… NO.

A partir de ahí le oigo varias negaciones seguidas, demasiado justificadas para ser sinceras.

Está claro que no soy la única a la que Luisete da sustos…

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Archivado bajo Anécdotas divertidas, Diario de a bordo

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