Malentendidos

El mundo de la compraventa de objetos de segunda mano da mucho de qué hablar.
Ayer tuve una anécdota curiosa respecto a una llamada por un anuncio publicado. Hubo un malentendido. ¡Vaya si lo hubo! y… ¡de qué manera!.

Para poneros en antecedentes, tengo varios artículos publicados en una conocida página de compraventa de objetos usados, entre los cuales se encuentran juguetes.
A mediodía recibí un sms con una contraoferta (¡como si fuera una subasta!) por un camión de juguete que incluye coches. Como ya os comenté en otro post, compraventa de artículos de segunda mano, la gente es muy osada cuando no te tiene cara a cara, así que regatean como si hicieran turismo en Túnez o Egipto. Pero, a lo que íbamos. Recibí el mensaje de teléfono y lo ignoré deliberadamente. ¿Rebajar a la mitad? No gracias.

Así que me tumbé a dormir la siesta plácidamente cuando una media hora más tarde recibo una llamada. Salté del sofá y cogí el móvil aún algo desorientada. Al otro lado de la línea recibía el sonido de una voz perteneciente a un hombre mayor que no dominaba el idioma, por lo que el teléfono me devolvía una mezcla de sonidos de palabras inconexas apenas audible en habla no hispana que me preguntaba:

– Llamo por el anuncio.
– Sí -respondí solícita, tratando de desperezarme-, diga.
– He visto el anuncio y quería zyzybahhvzxxz… (ininteligible).
– Perdone pero no le entiendo.

Aún adormilada traté de poner los cinco sentidos e instintiva (e inútilmente) me tapé la oreja que tenía libre. Despertar así de golpe es duro y más si tienes que utilizar tus neuronas al máximo de su potencia y exprimirlas rápidamente.

– Sí, el anuncio de xzyj zhxis…
– Disculpe pero no le entiendo -repito nuevamente, tratando de no apurarle por el que me parece una persona con problemas de habla-. ¿Llama por el coche?

En esos instantes pensaba que era la persona que me había enviado el mensaje de texto regateando el precio del camión de transporte de coches, que se lo había pensado mejor y ya no quería negociar.

– No …, quería… ¿cuánto?

Otro que no se ha leído el anuncio. ¡El precio está puesto!.

Lo que yo no sabía era que ese señor se había equivocado y lo que él buscaba yo no pensaba dárselo ni loca, ya que, aquí viene lo pistonudo, debió de confundir los teléfonos de dos anuncios bien distintos porque esperaba mantener una relación profesional del oficio más viejo del mundo. ¡¿??!!

Por mi parte, completamente ajena a sus propósitos, tratando de resultar amable por lo que me pareció una persona mayor con problemas de habla, continuaba:

– Dígame, ¿qué es lo que necesita?

El hombre pareció alentado, ya que levantó un poco más la voz. Sin embargo, a mis oídos solo llegaron unas palabras inconexas

– Yo quería que me … niña …

Al oír la palabra niña, pensé que quería un juguete para su nieta, así que cambié de tercio, ya que no querría un camión ni un coche. Rápidamente recordé que también tengo una mesa de juguete a la venta.

– ¿Quiere la mesa?
– Sí -dijo el hombre más animado.

El hombre pareció animarse y comenzó a hablar motivado.

Solté un largo suspiro de alivio.

Vaya, parece que nos vamos entendiendo.

Nada más lejos de la realidad, como descubriría más tarde.

– ¿Cuándo le viene bien quedar? -le pregunto (ilusa de mí, pensando que había cerrado una venta).
El hombre parecía más relajado o quizá debería decir ¿motivado? ¿ansioso? ¿excitado?

En ese instante se me ocurrió preguntarle si le venía bien al día siguiente, puesto que mi marido podría quedar con él.

– Espere un momento -le digo- le voy a pasar con mi marido.

Fui a buscarle y cuando lo tengo delante veo que la llamada se ha cortado.

– ¡Qué raro! -digo extrañada al mirar la pantalla del teléfono.
– ¿Quién era? -pregunta Pepe extrañado.
– Un hombre que quería la mesa de juguete -digo inocente.

Entonces me fijo que también tengo un par de mensajes de texto enviados con anterioridad, desde el mismo teléfono del que acabo de hablar. Al leerlos se me abren los ojos como platos. Dicen textualmente (omito palabra completa con **):

Yo lee o tuyo anuncio se** con ajuda economica estas omteressada dime algo”.

– ¿Qué es esto? -digo sin dar crédito a lo que leo-.
– ¿Qué es qué? -pregunta Pepe ajeno a la proposición indecente que acababa de recibir.

Antes de que pueda enseñárselo me entra un whatsapp de otro número de teléfono, distinto y también desconocido, cuya imagen de pubis descubiertos no necesita mayor explicación. En él aparecen dos palabras:

“¿Cuánto cobra?”

-Agg

El teléfono me quema en la mano y se lo paso a Pepe asqueada.

– Pero ¿dónde has puesto el teléfono? -me dice alucinado.

Poco a poco comienzo a entender la conversación de ese hombre, ansioso por hacerse entender y conseguir sus más oscuros deseos que casi me susurraba al teléfono en un idioma confuso. Él tratando de hacerse entender y yo tan dispuesta por comprender qué quería: el coche, el camión o, la mesa. Mientras ese hombre entendería que dónde quería hacerlo: si era en el coche, en el camión o en la mesa. Y ¿cuándo?

Él se iba calentando a medida que íbamos hablando. Debía de estar como una moto y cuando le dije que le pasaba a mi marido se amedrentró y colgó. Sin embargo, le podría más las ansias, con el calentón del momento le daría igual todo y envió otro mensaje. El por si cuela.

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Archivado bajo Diario de a bordo, Humor

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