Lo que cuesta dormir al pajarito

Mi pequeñín no ha dejado de piar desde que era apenas un bebé. De ahí que le llame pajarito. Ahora ya tiene dos añitos y es como un pequeño loro, retransmite y reproduce todo cuanto ve u oye a su alrededor. Es más, posee la vena comercial de su padre, pues negocia hasta la hora de la siesta. Todos los días la misma cantinela, que ha tomado como rutina, repitiendo día y noche, siendo la siguiente escena que detallo a continuación una de tantas otras:

– Es hora de dormir -le digo, tratando de mostrarme firme.

– Nooo.

– Sí -insito-, ya es tarde .

Es el momento en que apago la luz, después de haber contado el cuento de rigor, instante en que el pajarito es consciente de que te vas de la habitación y comienza la retahíla de solicitudes.

– Mamá

– Sí

– Pipí

Esta es una de las desventajas de no usar pañales. Le llevo hasta el servicio y una vez finalizada la labor, de vuelta a la cama.

– Mamá -repite antes de que me de tiempo a darme la vuelta siquiera.

– ¿Sí?

Es casi una pregunta retórica, pues sé lo que viene a continuación.

– Agua, mamá.

Tenemos un vaso de agua preparado para este tipo de eventualidades. Apenas darle un sorbo le acuesto de nuevo, aunque sé que no acaban aquí sus requerimientos.

– Mamá -repite incansable.

– ¿Sí?

– Frío.

– Estamos en verano, hijo. NO hace frío.

Llegado este momento tengo a sensación de que me está tomando el pelo, aún así le tapo con la sábana.

– Ahora a dormir -digo nuevamente, tratando mostrar una convicción que flaquea, pues en mi fuero interno sé que no falta mucho para que vuelva a soltar el inevitable:

– Mamá

– ¿Sí?

A estas alturas mi paciencia es finita, así que cuando oigo:

– Caca

– No -espeto con firmeza. Ya cansada de que me tomen por el pito del sereno.- No te creo.

Pero el pajarito no se puede quedar mucho tiempo callado. En eso también se parece a papá.

– Mamá

– ¡¿Sí?!

No lo niego mi voz expresa mi exasperación.

– ¿Qué quieres ahora? -le pregunto de mala gana.

– Hambe.

– No, no tienes hambre. Has cenado más que de sobra. Ya has hecho pipí, caca, has bebido agua y estás tapado. Es hora de dormir. Y punto.

– Noo -protesta quejumbroso-. Mimir noo.

Le dejo un par de lloros, según las enseñanzas de Dr. Estivill y Sylvia de Béjar, aparentando que se queda a solas en silencio, de este modo se hace con el sueño, así que me quedo lo suficientemente cerca, pero lejos de su vista y de su alcance, para escuchar seguidamente como protesta entre lamentos.

– Mimir nooo. Mimir noo. Mimir no. Mimir… ZZzzz

Ahora lo sé. El Pajarito ha caído. Pero hay que ver ¡Lo que cuesta dormir al Pajarito!

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2 comentarios

Archivado bajo Anécdotas divertidas, Diario de a bordo

2 Respuestas a “Lo que cuesta dormir al pajarito

  1. EU

    MAMA,no sabes como niño te quiere y quiere dormir contigo,quedate con el en la cama hasta que se duerma.no pasa nada,presta mas atencion a su hijo,hay personas que duermen con sus animales,y tu no queres pasar un minuto mas con su hijito.
    el tiempo pasa muy rapido.
    mama de 2 hijos adultos Eugenia.

    • Tienes toda la razón, el tiempo transcurre muy rápido. Las madres también necesitamos un descanso. En mi caso, estando todo el día con el “pajarito”, absorbe toda mi energía. Verle dormir es un placer.

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