Tengo un auténtico trasto

Mi hijo es un auténtico trasto capaz de agotar la paciencia al santo Jo. En un lapso de diez días me ha liado una tras de otra. Comenzó lanzándose con la moto por las escaleras de la urbanización. Increíblemente, para mi asombro y mi alivio, salió intacto. Ni un rasguño. He de reconocer que su ángel de la guarda hace turnos de 24 horas ininterrumpidos.

Apenas cuatro días más tarde, mientras iba conduciendo oigo cómo me dice:

– Mira mamá.

– Ahora no, cariño.

Ahí estaba él todo contento en cuanto logró sacar los brazos por fuera del cinturón de seguridad de la silla del coche. Pero no contento con el resultado continuó maquinando otra trastada. Me di cuenta un par de minutos más tarde, cuando estaba adelantando a un grupo de ciclistas. De repente, sonó el chivato del coche.

– ¿Qué leches ocurre? Justo ahora...

El pitido alertaba de que algo no funcionaba como debiera. Alarmada, me paralicé prácticamente, hasta que vi en la pantalla del salpicadero: “Puerta trasera abierta”.

– ¡¡Canijoooooo!!

Os podéis imaginar que los chillidos que le pegué a continuación me dejaron sin respiración. Ya me imaginaba al canijo rodando entre las bicicletas para ser posteriormente atropellado. Él, asustado, soltó el picaporte y se quedó tan quieto para pasar inadvertido, que en pocos minutos estaba completamente frito. Para mi desgracia mi estado de ansiedad duró bastante más que su memoria. Aunque he de decir que es buena señal que mi corazón aún aguante estos embates.

Como es de suponer, un par de días más tarde, cometió otra trastada que por poco no acaba con la decapitación del perro. En esta ocasión la pifia fue tempranera, apenas cinco minutos después del desayuno cerró la puerta justo cuando el perro entraba en la cocina. El pobre chucho quedó atrapado por el cuello. Mi hijo en vez de abrir la puerta para que entrara o saliera el can, apretó con más fuerza, dando un fuerte empujón a la puerta.

– ¡Ay! -grité horrorizada-. Canijoooooo

El grito lo paralizó durante unos segundos, aflojando la puerta el tiempo justo para que el pobre animalito aprovechara la oportunidad para salir huyendo despavorido. El resto de la mañana el perro estuvo esquivando al pequeñajo.

Pero no soy a la única a las que se las lía. El otro día cansó tanto a su abuela que ésta le acabó diciendo:

– Te voy a dar en el culo y te lo voy a dejar mirando a Francia.

La abuela amenaza mucho, pero al igual que perro ladrador poco mordedor, ni le roza el pañal. Así pues mi hijo que, a la edad de dos años recién cumplidos, sabe de qué pie cojea, le contestó:

– No, a Flancia, no-.

Luego, muy serio añadió:

– A Madíz

Como era de prever, la respuesta causó tal impacto que la abuela rompió a reír y ya no recordaba ni por qué le había dicho aquello.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Humor

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s