Conversaciones Extrañas II

“Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores” (Winston Churchill).

Las conversaciones mantenidas con extraños, casi siempre dan lugar a diálogos intrascendentes. En algunos casos, comentarios insólitos, confusos, e incluso malentendidos. En otras ocasiones, los desconocidos pueden resultar molestos hasta el punto de ser cargantes.

Éste último caso es el que me sucedió ayer de madrugada, sin ir más lejos. Me encontraba acostada, durmiendo profundamente, cuando sonó el teléfono, interrumpiendo mi dulce descanso. Sobresaltada di un brinco en la cama, apenas me incorporé comencé a mirar en todas direcciones, tratando ubicarme. Localicé el aparato telefónico, a escasos centímetros, sobre la mesita de noche. Lo así rápidamente y  descolgué agobiada. Demasiado tarde. Habían colgado.

Consulté el reloj y el corazón se me aceleró. Pasaban de las 12 de la noche. ¿Quién podría ser a esas horas? Entonces, me arrepentí de no haber dado de alta el servicio de identificación de llamadas. Pero, el teléfono volvió a timbrar y esta vez no tardé ni dos segundos en atender la llamada. La conversación que tuvo lugar a continuación no tiene desperdicio, por lo que me he decidido a transcribirla íntegramente:

 – ¿Sí?

 – ¿Está Perico el de los Palotes? (Por ponerle un nombre)

– No. Se ha equivocado -respondo algo más relajada. Al menos no soy yo la destinataria de la llamada, pues a esas horas no pueden ser buenas noticias.

– Ah -oigo al otro lado del auricular, una voz masculina que no parece satisfecho con la respuesta recibida.- Pero, es el número …

– Sí, es este -vuelvo a responder una vez más, como tantas otras durante los últimos meses, desde que di de alta la línea telefónica.

– ¿Ahí no vive ningún Perico de los Palotes? -insiste el hombre, incrédulo.

Quizá fuera poco creíble gracias a mi voz somnolienta por lo que reitero mi negativa con mayor rotundidad.

– No, esta es una casa particular y no vive aquí -mi voz tajante no daba lugar a réplicas. O quizás sí…

– Pero, ¿esa no es Avenida de …

…la Santísima Madre que lo Parió.

No sé qué dirección dió, pero eso era lo que yo estaba pensando en esos instantes. ¿Es que no podía admitir que se había equivocado y colgar de una vez? ¡Qué tío más pesado!.

– No -repetí una vez más con la voz algo crispada-.

– Ese teléfono es de … (localidad en la que resido) -continuó insatisfecho.

¿Acaso pensaba que le estaba mintiendo? ¿Quién era ese hombre y qué esperaba que le dijera tratando de sonsacar una información que no disponía?

Las conversaciones siempre son peligrosas si se quiere esconder alguna cosa”. (Agatha Christie)

– Sí – afirmé, pensando en que me tenía que estar gastando una broma de muy mal gusto.- Pero, aquí no vive Perico.

Por desgracia, no le sirvió de mucho mi explicación. Hizo caso omiso. Él siguió inalterable, como si estuviera leyendo un guión.

– Sí, ya sé, una casa particular. Y… -una idea se le vino a la cabeza- usted, ¿no conocerá a Perico?

Éste tío es g…

Os podéis imaginar que a esas alturas, mi única idea era estamparle el teléfono en la cabeza. ¿Pero era consciente de qué hora era?

– Pues no. No conozco a Perico -respondí elevando el tono de voz más de lo necesario-. Ya he recibido llamadas anteriormente preguntando por él. No sé quién es. Está llamando a una casa particular y estaba en la cama cuando ha llamado -recalqué, dando más explicaciones de las imprescindibles con tal de que aquel hombre dejase el interrogatorio de una vez y diese por terminada la conversación. Al fin y al cabo, le había dicho que el teléfono era el mismo, pero no la dirección. A pesar de ser un número asignado a la misma localidad, no conocía a ese Perico. ¿Qué más quería?

– Ah -dijo en un tono apenas audible-. Entonces tendré que llamarle al teléfono del trabajo…

Dejó la frase en el aire, sin acabar, como esperando mi interrupción que, por supuesto, no llegó.

¡Esto es el colmo! Pero, ¿qué necesita este hombre para colgar? ¿Acaso espera que le diga que tengo a Perico bajo las mantas? O, quizá que yo soy Perico y me he cambiado de sexo?

¡Maldito servicio de identificación de llamadas! Con lo bien que me vendría tenerlo para devolverle la guasa, o ponerle a caer de un burro a horas intempestivas ¡Por supuesto!

Tardó un par de segundos en asimilar la información, aunque su voz denotaba que no estaba satisfecho con mis respuestas, finalmente cedió:

 – Disculpe y buenas noches.

 ¡Va a colgar! ¡Lanzad matasuegras y confetis!. Por fin podría volver a dormir.

 – Adiós -me despedí aliviada y colgué rápidamente, antes de que cambiase de parecer. Me encontraba completamente despejada, mosqueada, y exhausta después de semejante interrogatorio.

“Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores” (Winston Churchill).

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