Sucesos paranormales

Alza la mirada curiosa por encima de mi hombro. Me giro para confirmar que, detrás de mí, no hay nadie. Entonces, ¿qué está mirando? Me pregunto temiendo conocer la respuesta. Siento cómo se me eriza el vello por todo el cuerpo, y un escalofrío me recorre la columna vertebral. Otra vez, no, por favor.

Desde que me mudado me he visto involucrada en una serie de sucesos paranormales difíciles de explicar. Supongo que es lo que tiene mudarse frente al cementerio. Cientos de almas errantes en busca de su camino al más allá, haciendo una pequeña parada para tan largo viaje y hacer acopio de comida. Sí, concretamente, lomo. Que me ha desaparecido de la nevera.

Supongo que eso explica el hecho de que hace unos días, cenando en la cocina tranquilamente, de repente me quedé a oscuras. Mi primera reacción fue pensar que se había ido la luz, pero el indicador de la hora funcionaba tanto en el horno como en el microondas. Simplemente se había aflojado la bombilla. Un golpe de tuerca y listo. De nuevo se hizo la luz. Seguramente fue en ese momento en el que me birlaron el lomo…

A los pocos días, mas o menos a la misma hora, bajaba por las escaleras de casa, a oscuras para no atraer a los mosquitos, cuando repentinamente, hubo un pequeño fogonazo de luz. Fue tan rápido que pensé que había tenido una alucinación. Sin embargo, fue suficiente un golpe de tuerca para verificar que la bombilla estaba suelta. Asunto arreglado. Aquí no hay fantasmas. De haberlos, estarían vigilando por mi seguridad, no sea que caiga rodando por las escaleras y se acabe el chollo del lomo…

Lo más desconcertante sucedió al día siguiente a media tarde. El perro se puso a ladrar insistentemente señalando un esquinazo del salón, donde aparentemente no había nada, ni nadie. Mi corazón comenzó a palpitar cuando reculó en un par de ocasiones, algo que hace a menudo cuando se siente amenazado por algún extraño. Se me aceleró el pulso y aguanté la respiración. Pero tan pronto como ocurrió, desapareció.

Le conté el otro día a mi madre que creía tener un espíritu rondando por casa, su ocurrencia fue que quizá quería algo.

¿Algo? ¿Decirme los números de la lotería?.

Pero, lamentablemente, no se ha manifestado al respecto. En cambio, le debió de gustar la melodía de un juguete musical de mi hijo, pues comenzó a sonar como cuando se hace presión. Sin embargo, cuando fui a recogerlo pude verificar que no había nada que hiciera contacto. Sea lo que fuere, no ha vuelto a aparecer. Pero, me da que volverá.

¿Por qué lo sé?

Han desaparecido un par de llaves de casa.

Eso es que le gustó el lomo. De modo que, espero y deseo que la crisis no les afecte al más allá. En caso contrario, tendré que huir de casa  antes de que llegue el día de Halloween… Aquí se va a montar una buena fiesta. No creo que sobreviva.

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