Conversaciones Extrañas

Tengo un poder de atracción especial sobre todo tipo de bichos raros, incluidas moscas, mosquitos y moscones. Por lo que no es de extrañar, que de vez en cuando me vea envuelta en situaciones de lo más disparatadas.

El otro día, por no ir más lejos, me paró un chico en plena calle. Su expresión era confusa. Así que, lo primero que pensé es que me iba a preguntar por una dirección. Nada más lejos de la realidad. Utilizó una frase muy manida.

– Perdona, ¿nos conocemos?

He de reconocer que en otras situaciones o lugares, le hubiera mandado a paseo. Pero su cara de aparente ingenuidad me hizo detenerme. Eso, y que era la una de un soleado mediodía.

Tras captar mi atención continuó con un…

– Es que soy de Canarias. ¿Es posible que nos hayamos conocido allí?

Lo cierto es que no sólo es posible, sino que he estado en un par de ocasiones, y me relaciono con gente de la isla. Por lo que, me detuve a pensar si me sonaba su cara y si le había conocido anteriormente.

– Es posible -acerté a decir, mientras mostraba mi cara de pensamiento profundo. La cual supone limitarme a mirarle fijamente entrecerrando los ojos. En determinada ocasión hasta ladeo un poco la cabeza, signo indudable de que estoy en una reflexión de lo más intensa.

Creo que en aquellos momentos él debió de sonreir por dentro ante mi inocencia. Pues seguidamente continuó con un…

– ¿Es posible que fuera en la Universidad …

Apenas mencionó aquellas palabras caí en la cuenta de mi más absoluta ingenuidad. Había caído en su tela de araña tejida a base de una de las más viejas tretas para entablar conversación. No me conocía de nada. Mi ceño fruncido habla por sí solo.

– No, va a ser que no -dije tratando de retroceder un paso con suavidad.

– ¿No estabas con tu familia en…?

– No, creo que no -respondí tratando de aumentar la distancia, con el fin de salir pitando a la más mínima de cambio.

En aquel momento, salió la verdadera personalidad de aquel extraño, que ni corto ni perezoso, se lanzó a la piscina.

– Es que yo estoy aquí porque me voy a doctorar el fin de semana y me preguntaba si querías venir conmigo a la fiesta de graduación del sábado -soltó de corrido y sin tapujos.

Supongo que pensó que era su última oportunidad, y no estaba equivocado.

– Pues va a ser que no.

Este fue el instante preciso en que di el paso definitivo hacia atrás, y me despedí rápidamente, agradeciendo la “tentadora” oferta.

A estas alturas de mi embarazo no esperaba proposiciones en plena calle. Me alejé a paso ligero aún conmocionada. Esto de ligar con bombo, no tiene precio.

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Archivado bajo Anécdotas divertidas, Diario de a bordo

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