La Investigación es nuestra Esperanza

– Preparada, lista… YA.

Apenas recibir el toque de salida Vanessa se lanzó a correr alrededor del patio del colegio. Era la evaluación final de la prueba de resistencia, y esta vez estaba dispuesta a sacar un notable, como poco. A ritmo constante, y respirando pausadamente, parecía controlar sus pulsaciones.

Un, dos, un, dos, un…

Su mente comenzó a vislumbrar otros derroteros cuando giraba por la esquina del fondo del campo de baloncesto. Sólo le quedaba la mitad del trayecto para finalizar la primera vuelta, y ella divagaba sobre los planes que tenía para el fin de semana.

Ese sábado intentarían entrar en la discoteca y…

– Si sigues a ese ritmo conseguirás un notable -dijo la profesora al pasar por su lado. Sostenía el cronómetro en la mano con cara de grato asombro.

Vanessa le devolvió una sonrisa, y continuó corriendo con más confianza. Lo del notable estaba en sus manos. Ya tenía la primera vuelta conseguida. Tan sólo le quedaba otra vuelta más.

– Ánimo, Vane -gritó su amiga Elena levantando los brazos como si fuera una animadora de un famoso equipo de baloncesto. 

Vanessa la siguió con la mirada, sonriendo. Había cosas que nunca cambiaban. Elena era una de ellas.

De repente sus extremidades comenzaron a flojear poco a poco. Su ánimo comenzó a decaer. Sudores fríos le recorrían por todo el cuerpo. Comenzó a reducir la marcha ostensiblemente. Parecía estar a punto de detenerse. Hecho que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes.

– ¿Qué le ocurre? -preguntó la profesora en voz alta, a nadie en particular- ¡Que no se pare!.

A su alrededor todos sus compañeros se mantuvieron en silencio, prestaron toda su atención en Vanessa que comenzó a moverse como si fuera producto de una cinta, reproducida a cámara lenta. Su amiga Elena atraída por un repentino impulso, corrió en su ayuda. Le dio alcance a medio camino de la segunda vuelta, y se puso a su lado corriendo a la par.

– Venga, vamos -dijo tirando de ella hacia delante-. Vaamos.

Un pequeño empujón la hizo avanzar con más ímpetu. Estaban llegando a la esquina del fondo del campo, a media vuelta de terminar.

– ¿Qué te ocurre? -preguntó Elena confusa- Lo estabas haciendo muy bien.

Vanessa la miró sin aliento, incapaz de ofrecerle una respuesta que ni ella misma sabía. Tan sólo notaba cómo sus músculos perdían fuerza. Avanzó un poco más, apenas sin resuello. Sentía cómo el corazón le latía con fuerza en el pecho, y cómo perdía el aire. Continuó realizando los ejercicios de respiración que cada vez le parecía que surtían menos efecto.

– Venga Vane -alentó Elena, sin dejar de correr a su lado. Vanessa continuó mirando hacia el frente, incapaz de pensar en nada. Sentía cómo le palpitaban con fuerza las sienes, y perdía toda la fuerza de los músculos-. La meta está ahí -continuó Elena-. Solo un pequeño empujón y tendrás una buena nota.

Alentada por conseguir un notable, o quizá alertada por un posible suspenso, Vanessa dio el empujón definitivo para recorrer los últimos metros. Pero, apenas a seis metros del final, Elena la tuvo que agarrar fuertemente del brazo para ayudarla a traspasar la línea de meta. Prácticamente la lanzó hacia delante como si fuera un fardo. Una vez traspasaron la línea Vanessa se desplomó sobre el suelo de cemento.

En unos segundos se había formado un corrillo a su alrededor, compuesto por los compañeros de clase, que observaban la palidez de Vanessa y su respiración entrecortada. La profesora se hizo paso a través de los curiosos alumnos.

– Dejadla aire -prorrumpió en voz alta, al tiempo que se hacía hueco entre los congregados.

Vanessa estaba lívida. Completamente agotada por el esfuerzo. Notaba una opresión fuerte en el pecho, y su corazón latía con tanta fuerza que parecía que se le iba a escapar por la boca.

Boqueaba como un pez, pero sin llegar a conseguir el aire suficiente que se adentrase en sus pulmones. En su cabeza, las sienes le palpitaban con tanta insistencia que sentía que le iban a taladrar el cerebro. Mientras que las articulaciones de sus extremidades le hormigueaban, produciendo pequeñas convulsiones involuntarias.

– ¡Todo el mundo fuera! -gritó la profesora asustada-.

Poco a poco todos los alumnos se alejaron de Vanessa, salvo Elena, que se mantuvo a una distancia prudencial. La profesora la miraba profundamente desconcertada y alarmada, sin embargo su voz sonó con una confianza que no poseía en esos instantes:

– ¿Te encuentras bien?

Ella asintió con la cabeza. Apenas podía mover las pestañas, mucho menos era capaz de devolver una respuesta que saliera de sus labios resecos. Cerró los ojos durante una fracción de segundo.

¿Qué me está pasando?

Cinco minutos más tarde Vanessa, tras haber mantenido las piernas en alto y haber descansado, se encontraba levemente recuperada. El color parecía haber vuelto a sus mejillas, y se sentía con fuerzas para levantarse.

 

 

En el día hoy he querido relatar una experiencia real. La acontecida a Vanessa (nombre ficticio) cuando aún no era consciente de que padecía uno de los primeros síntomas de una enfermedad rara.

Esta extraña enfermedad, que afecta a cientos de españoles, es una patología mitocondrial.

¿Qué es esto? Es el resultado del fracaso en el funcionamiento de las mitocondrias, cuya función es la de generar la energía. Al fallar, se genera cada vez menos energía en el interior de la célula, produciendo lesión, o muerte celular.

Si este proceso se repite en todo el cuerpo, los sistemas completos comienzan a fallar, y la vida de la persona que lo sufre está en grave riesgo. Los órganos más afectados son el cerebro, corazón, hígado, músculo y, riñón, junto con los sistemas endocrinos y respiratorios.

Lamentablemente, a día de hoy esta enfermedad degenerativa es incurable. Tan solo existen tratamientos farmacológicos para suplir la carencia de energía en el organismo.

La entidad sin ánimo de lucro AEPMI, es una de las Asociaciones que existen en España, y que aportan tanto al enfermo, como a sus familiares,  orientación y asesoramiento. 

Este verano AEPMI organiza, por cuarto año consecutivo, la “Cena Cóctel-Benéfica” cuyos fondos serán destinados a la Investigación de la “Farmacogenómica en el campo de la Patología Mitocondrial: la actuación de nuevas drogas en la cadena respiratoria mitocondrial con un modelo celular”.

El evento se celebrará en el Recinto de Carreras de Caballos de Sanlúcar de Barrameda a las 21.30 h. La entrada costará 35 €, y para las personas que no puedan asistir, pero quieran contribuir con la causa, habrá entradas de mesa cero con un precio de 10 €.

Para todos los que quieran colaborar, o que estén interesados en conocer más sobre esta enfermedad, os facilitamos su página web donde encontraréis toda la información a vuestro alcance:

http://www.aepmi.org/publico/eventos.php

Porque La Investigación es Nuestra Esperanza.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Curiosidades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s