¿Quién se acuerda del Capitán Scott?

Es posible que os acordéis del estribillo de la canción Héroes de la Antártida (Mecano, 1988) que decía así:

…¿Quién se acuerda del Capitán Scott? Evans, Wilson, Bowers y Oates…

Parafraseando la letra de J.M. Cano, hoy voy a recordar a los expedicionarios que partieron hacia el Polo Sur tal día como hoy de 1910, y nunca regresaron.

La expedición a la Antártida fue dirigida por el Capitán de la Marina Real inglesa Robert Falcon Scott, quien curiosamente ha dejado una huella más profunda que su competidor en La Carrera Antártica, el explorador noruego Roald Amundsen, el protagonista y primer hombre que plantó la bandera en el Polo Sur. Tratando de emular la hazaña (desconocida por entonces) del explorador noruego, perdieron la vida el capitán Scott y sus compañeros de expedición Evans, Wilson, Bowers y Oates.

En el diario de la expedición que se encontró junto al cadáver del explorador inglés se plasmaron por escrito sus temores y peores sospechas: 

«Lo más probable es que en todo este año no haya noticias nuestras, porque forzosamente volveremos tarde».

Resistiendo las gélidas ráfagas de viento polar que superaban los más de 300 kilómetros, con temperaturas inferiores a 50 grados bajo cero y un extenso océano glacial ante sí, es fácil que se desvanezca la esperanza y el regreso con un sueño roto no permita calentar los músculos congelados por el frío, agotados por tener que arrastrar trineos y debilitados por la inanición. Presagiando el trágico destino que se avecinaba lo dejó por escrito en la última línea del diario:

«Ha sucedido lo peor. Se han desvanecido todos los sueños. Es una lástima, pero no creo que pueda escribir más».

Según las investigaciones posteriores achacan  entre las posibles causas del fracaso a las adversas condiciones meteorológicas que encontraron en su viaje, junto con la falta de provisiones.

La hipótesis que más me ha impresionado es que el ávido explorador no quiso abastecerse de perros durante todo el viaje que cargasen con el equipo. El motivo era simple. Le aborrecía la idea de tener que sacrificarlos para servir de alimento a los demás, a diferencia de lo que hizo Roald Amundsen. Y es que solo puedo recordar los ojillos con los que me mira mi perro y me congelo.

 

Me gustaría finalizar el post con el verso del poema Ulysses del poeta inglés Tennyson, que fue dejado sobre una cruz en memoria de los exploradores en el lugar donde perecieron. Emblema que se puede utilizar para no desistir de los sueños:

“Luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás”.

 

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